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Pregón Luisa Fernanda Ruiz López. 2000

LUISA RUIZ LÓPEZ
 
 
Señor Párroco, miembros de las agrupaciones y hermandades de cofradías de Competa, hermanos de la hermandad de Nuestra señora Virgen de los Dolores, excelentísimas autoridades del pueblo, queridos paisanos y amigos todos.
 
 
Quiero dar las gracias de antemano, a cuantos han hecho posible que este Pregón sea hoy una realidad para mi, de un modo muy especial deseo resaltar el apoyo incondicional que mi familia me ha prestado en todo momento y pedirles perdón si en estos últimos días no he podido prestarles la atención que se merecen, también creo que conociendo el motivo sabrán entenderlo.
 
Es un inmerecido honor el que se me hace, habiéndome elegido este año para pronunciar el pregón de la Semana Santa de Cómpeta con la responsabilidad que esto supone.
 
Por un momento lo dudé cuando me lo propuso el señor párroco, pero gracias a la ayuda desinteresada de varios amigos del pueblo, el apoyo incondicional de don José Luis, el cura, y por supuesto, con la ayuda inestimable de Dios, me animé y cambié de opinión. No podía negarme.
 
Espero hacerlo lo mejor posible y si no es así, creo que sabrán disculparme, puesto que para mi ésta es una tarea digna de grandes oradores o de personas relacionadas más directamente con la Semana Mayor, cualidades que por supuesto, yo no poseo.
 
Como cristiana que soy, mi visión de la Semana Santa va más allá de las procesiones y de los actos programados para estos días, en los que de paso os animo a participar.
 
La Semana Santa para mí, como creo que para muchos de vosotros, es una representación plástica que cada año se nos hace de la PASIÓN, MUERTE Y RESURRECCIÓN de Nuestro Señor Jesucristo.
 
Día a día volveremos a recordar sus palabras, sus mensajes, siempre llenos de Paz, de Amor, de Salvación. Viviremos la Pasión, veremos a Jesús recorrer las calles de nuestro pueblo cargando sobre sus hombros con una enorme cruz de madera, cruz que no es otra cosa que el peso de nuestros pecados, nuestra culpas, odios, rencores y envidias, que al fin y al cabo no es otra cosa que la falta de amor.
 
Recordaremos su Muerte previamente anunciada y aceptada como sólo El podía hacerlo, y celebraremos todos juntos la Resurrección que en definitiva es el único y gran mensaje de la religión cristiana, lo que todos esperamos.
 
Durante la semana que hoy comienza, tenemos un tiempo para la reflexión. Todos y cada uno de los actos que tienen lugar en la Semana Santa lleva escondido detrás un mensaje muy importante. Para entenderlo, es necesario participar en las procesiones, por supuesto, pero sin dejar de lado los demás actos litúrgicos que se van a llevar a cabo en la parroquia.
 
           
Dios nos ha dado el privilegio de vivir en Cómpeta, pueblo blanco que surge de las faldas de la sierra Almijara como si del vuelo rasante de una paloma se tratara:
 
 
Cómpeta es una paloma
 
Que se paró a descansar,
 
Y se sintió tan a gusto
 
Que no voló nunca más.
 
 
 
En sus calles todavía hoy pueden verse las huellas de quienes fueron nuestros antepasados, los árabes. Callejuelas estrechas, difíciles y empinadas, muros y paredes encaladas en construcciones de poca altura, especial gusto por las flores, que en cualquier época del año adornan los balcones y las calles de nuestro pueblo, dando de Cómpeta una imagen bonita y acogedora que hace que los visitantes se sientan tan a gusto y la elijan como hogar para el resto de sus días:
 
 
Venga quien quiera venir
 
Emigrantes y extranjeros,
 
Nadie es aquí forastero
 
Que Cómpeta les va a recibir
 
Con paz y abrazo sincero.
 
 
Como cada año llegando estas fechas, Cómpeta se engalana de forma especial. Son las mujeres del pueblo las que, conocedoras de la importancia del que va a recorrer nuestras calles, se afanan de manera especial en su limpieza, preparando los lugares y plazuelas por las que en los recorridos procesionales va a pasar Jesús. Las paredes parecen más blancas aún si cabe, las calles más limpias y engalanadas que nunca, vestidas para la ocasión con sus mejores galas. Las macetas más bonitas cuidadas con especial estima durante todo el año para lucirlas en este momento.
 
¡Cómpeta ya está preparada!:
 
Viste tus mejores galas,
 
Pinta tu cara bonita,
 
Que es Cristo quien te visita
 
Y la Virgen la que pasa,
 
De camino hacia su ermita.
 
 
Especial mención merecen los hermanos de las cofradías de Cómpeta en este Pregón de Semana Santa.
 
Especial por su trabajo totalmente desinteresado, no sólo en estas fechas, sino a lo largo de todo el año y por supuesto con absoluta dedicación en los días anteriores a la Semana Mayor.
 
Este esfuerzo sólo se consigue robándole horas a su trabajo, a sus familias, a sus ratos de ocio y a veces, incluso al sueño, para conseguir de este modo que en el momento de la salida no falte ningún detalle y cuando su Bendita Imagen, haga su aparición por las puertas del templo, con los vellos de punta no podamos contener la emoción, al ver realizado el trabajo de todo un año. Por eso yo pienso que, hoy es el momento de destacar la labor, que las Hermandades y Cofradías de Cómpeta vienen realizando, en pro de nuestra Semana Santa, aunque todos sabemos que este trabajo no siempre es valorado en la medida que le corresponde.
 
No es capricho ni moda pasajera la fiesta que hoy pregono. Todos sabemos que corren tiempos difíciles para estas tradiciones que vamos heredando de generaciones anteriores, y es por eso que creo que, al ánimo de estos jóvenes cofrades no puede ser sólo humano, es la fe la que los anima a permanecer fieles a las tradiciones cristianas.
 
 
Capataces competeños
 
Haced un supremo esfuerzo,
 
Que la puerta de la iglesia
 
Tiene un dintel muy estrecho,
 
Decid a los costaleros
 
Que procuren otro intento,
 
Mas grande es su corazón
 
Y lo llevan en el pecho.
 
Que si quieren ver la luz
 
Y el sentir de todo el pueblo,
 
Tendrán que ver  a Jesús,
 
A hombros de un costalero.
 
Capataces competeños
 
Sois el mejor instrumento
 
Para mandar las salidas
 
Y entradas a nuestro templo.
 
 
 
¡Animo hermanos!
 
Que este esfuerzo hoy realizado
 
Algún día por Dios será recompensado.
 
 
Y después de este preámbulo y habiendo meditado durante la pasada semana, los dolores de Nuestra Señora, entramos de lleno en la Semana Santa.
 
Muchos años han pasado ya desde que salieras de las maravillosas manos del escultor que te modelara, hasta ser reconocida nuestra patrona, hecho que muchos de nosotros desconocíamos, pero, ha llegado el momento que, como una gracia jubilar de este año 2000 que celebramos, tus hijos hayan hecho fiesta este día para honrarte.
 
Cómpeta en todo momento, quiso tener la protección y el amparo de María, para ello elige a la Virgen de la Asunción, patrona de su iglesia, y a la Virgen de los Dolores, patrona del pueblo. Así es como reza en los antiguos documentos.
 
Aprovechamos esta primera Semana Santa del siglo XXI para festejar el viernes de Dolores como el día de nuestra patrona, por fin, como ella se merece. Así pues la Virgen saldrá en procesión a última hora de la tarde marcando para ello un nuevo recorrido. Bajará por la Rampa, con aires de gran señora paseará por la Avenida de la Constitución casi en volandas marcando el paso y meciendo el trono, volverá a su casa por la calle San Antonio a hombros de sus portadores, y entrará en la iglesia feliz, contenta y agradecida de los honores recibidos. Todos estamos deseando verla de nuevo, por eso, uniendo nuestras voces de decimos:
 
 
SALID, DIVINA MARÍA
 
SALID, DIVINO LUCERO
 
SALID, ROSA SIN ESPINAS
 
DEL JARDÍN DEL DIOS ETERNO
 
PORQUE ESTAMOS YA ESPERANDO
 
A LA PATRONA DEL PUEBLO.
 
SALID, DIVINA MARÍA
 
SEÑORA DE COMPETEÑOS
 
SALID, PATRONA ADMIRABLE
 
CON EL PUÑAL EN EL PECHO
 
PORQUE OS ESTÁ YA ESPERANDO
 
DE RODILLAS TODO EL PUEBLO.
 
 
 
Y llega el domingo de Ramos. Y amanece un día alegre y luminoso. El clima también se une a nosotros para acompañar a Jesucristo en su entrada triunfal en la ciudad Santa de Jerusalén montado sobre una pollinica. De esta manera se nos muestra la humildad de Nuestro Señor.
 
Él, que podría ir a caballo o a hombros de quien quisiera.
 
Él, que entra en Jerusalén como lo que es, un Rey.
 
Él, que es aclamado, vitoreado, seguido por todo un pueblo, va montado en un burro, un animal humilde como el que más.
 
Y todo el pueblo le sigue portando palmas y ramas de olivo en sus manos. La paz que en ocasiones se representa como una paloma blanca con una ramita de olivo en su pico en esta ocasión se ve reflejada en las palmas que llevan los que siguen y aclaman a Jesucristo.
 
El siempre rodeado de paz, de amor, de esperanza. El pueblo de Cómpeta lo sigue, lo lleva como un Rey, desde su ermita, por las calles del pueblo hasta dejarlo de nuevo en su casa.
 
Cuando este año veamos la procesión de la Pollinica en la calle, no pensemos solamente en la figura de Jesús montado en un borriquillo, no, profundicemos un poco más y recordemos que en su recorrido, Jesús va predicando su mensaje de paz, de amor, de humildad. Algo muy difícil en nuestros días pero no imposible. Él nos ayudará a conseguirlo.
 
 
A lomos de un burro
 
En un trono blanco,
 
Predica Jesús
 
Entre sus hermanos.
 
El pueblo lo sigue
 
Camina a su lado,
 
Con palmas y olivos
 
Y amor en los labios.
 
 
La Semana Santa de Cómpeta tiene dos días de reflexión. Un paréntesis de preparación para vivir plenamente la Pasión de Nuestro Señor.
 
La procesiones del Miércoles Santo son relativamente recientes. Antes, este día no se celebraba, ni siquiera teníamos imágenes para procesionarlas. Al principio, hace algunos años los hermanos de la cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, vestían a su imagen de blanco, sin cruz y con las manos atadas delante,  era  nuestro  Cautivo y como tal, lo venerábamos.
 
En el año 1994, ocurrió el milagro que esperábamos. Una ilustre paisana nuestra, Dª Angeles López Cabra, la matrona, a quien yo tengo un especial cariño y ella lo sabe, donó a la parroquia una hermosa imagen del Cautivo que desde aquel mismo año se procesiona en la noche del Miércoles Santo, y que desde aquel mismo año cuenta también con numerosos hermanos y devotos. Detrás le sigue la hermandad de Azotes y Columnas, conocida también como El Cristo de los Gitanos. Otra imagen donada a la parroquia por varios competeños ilustres que un día tuvieron que salir de este su pueblo, pero que cada año por estas fechas vuelven para vivir su Semana Santa y poder celebrarla junto a sus familias.
 
Con el olor a cerca derramada  en la plaza, la música de la banda que resuena en todo el pueblo y la salida de estas imágenes, comienza a vivirse ya la Pasión de Jesucristo.
 
Empieza el dolor, el sufrimiento, el camino del calvario. Jesús es cautivado, prendido y azotado, por quienes días antes le seguían y le aclamaban, hoy lo condenan. Jesús es traicionado por su gente, y este mismo Jesús ya crucificado, agonizando a punto de morir les perdonará con estas palabras: “PADRE, PERDONALOS PORQUE NO SABEN LO QUE HACEN”.
 
El perdón siempre está presente en los labios de Jesús.
 
¿Y qué decir del Jueves Santo?
 
Eslabón importante en esta cadena. Continuación de la Pasión y comienzo del camino del Calvario.
 
Es el día que celebramos el amor fraterno. Cuando el amor entre hermanos debe estar más presente que nunca.
 
Jesús nos espera en el Monumento. Allí lo sentimos más vivo y más cercano aún si cabe, y estaremos con El toda la noche.
 
Mientras, en la calle, al anochecer, hay un olor a velas derretidas, a nerviosismo y bullicio en la plaza, la gente espera la salida de Jesús Nazareno.
 
Solemnidad en los portadores, ataviados con la túnica morada. Nerviosismo en los cofrades cuidando todos los detalles para que nada falle en el último momento y algarabía en los niños vestidos de nazarenos, que se agolpan en la puerta de la iglesia esperando la señal.
 
Y por fin, Jesús, con el rostro humilde y tranquilo, ya está en medio de su gente, que no es otra que el pueblo de Cómpeta que por un momento quisiéramos ser cirineos, para ayudarle a llevar la cruz, aligerar de algún modo el peso que le daña el hombro y le atormenta el alma. O ser Verónicas para enjugar su rostro manchado dela sangre que brota de sus sienes heridas. En su rostro ya hay dolor.
 
Detrás, la Virgen sufre en silencio la pena que le parte el corazón. Ella, detrás de su hijo, caminará sin consuelo por las calles estrechas y difíciles de nuestro pueblo, y nosotros la seguiremos en silencio, para acompañarla en su dolor y aliviarle de algún modo el sufrimiento. Y allá, al filo de la medianoche, la dejaremos descansar de nuevo en el templo.
 
Tal y como estaba escrito, así se cumplió. Jesús, después del doloroso camino de Gólgota, muere en la cruz y su madre al pie de la misma lo espera ansiosa para acogerlo en su regazo.
 
Temprano amanece el Viernes Santo competeño. A las siete de la mañana, el pueblo es un hervidero de hombres y chavales, vestidos para la ocasión con traje y corbata, dispuestos a participar en el “Vía Crucis” a unir sus roncas voces para cantarle a Jesús en la cruz.
 
Hay forasteros o paisanos que, con el único motivo de acompañar a esta procesión, vuelven cada año como fieles golondrinas en busca de su nido, y animan a sus hijos varones, para que nunca renuncien a esta tradición que un día ellos mismos heredaron de sus mayores. Las mujeres del pueblo, en un discreto segundo plano, esperan en la plaza la llegada de Cristo Crucificado y esperarán que los hombres le rindan los últimos honores  y cuando Jesús descanse ya dentro del templo, se reunirán con sus hijos y maridos para seguir participando, ya juntos, en los demás actos del Viernes Santo.
 
Como novedad este año, en Cómpeta, vamos a vivir más de cerca que nunca la Pasión. Un grupo de jóvenes del pueblo dirigidos por el párroco en el papel principal, van a representar como ya se viene haciendo en otros lugares, la Pasión de Jesús. Comenzando con el juicio, el prendimiento y la tortura que se hará en la plaza, donde se improvisará para ello un escenario. Después,  las calles del monte  serán el camino del Calvario, en el que colabora mucha gente de Cómpeta, hasta llegar a la sierra donde tendrá lugar la crucifixión y muerte.
 
Y así va avanzando el Viernes Santo. Y con el silencio que caracteriza a este día y el luto riguroso que seguimos, hoy las campanas de la torre permanecerán mudas y estarán así hasta las 12 de la noche del Sábado de Gloria, cuando anuncien repicando que Jesús ya está de nuevo entre nosotros.
 
Pero no es necesario ninguna señal para que la gente acuda a primera hora de la tarde, al “Sermón de las siete palabras”. Acto éste, característico del pueblo de Cómpeta y que deseo resaltar por su especial belleza, en la forma y contenido.
 
Como cualquier reo condenado a muerte, Jesús también tuvo la oportunidad de pronunciar su último deseo y lo supo resumir de manera muy especial, en las siete palabras que hoy Viernes Santo, el sacerdote nos explica y el coro de Cómpeta, en el que destacan las voces privilegiadas de Mari Carmen Villa, cantan, acompañadas por notas del viejo órgano de la iglesia.
 
Jesús ya clavado en la cruz, agonizando, no comprende por qué su Padre en estos momentos lo ha abandonado. Por qué tanto dolor, por qué le ha hecho sufrir de este modo, por qué se ha olvidado de Él cuando más lo necesita. Pero sin embargo, pide a Dios perdón para los causantes de este sufrimiento. Él piensa que los romanos no eran conscientes de lo que hacían. ¡Es tanta la capacidad de perdón que tiene Dios! Sin embargo, el regalo más importante que nos hizo Jesús antes de morir y que todavía hoy podemos disfrutar, fue sin duda ofrecernos de por vida a su Madre, viéndola desconsolada en aquel momento al pie de la cruz y sabiendo que durante toda la vida estuvo a su lado, nos la entrega, para que desde ahora nos ampare nos proteja y nos acoja en sus broza, como lo hiciera con Él.
 
Junto a Jesús, crucificados hay dos ladrones de distinta condición, que como Él, pronto van a morir.  Dirigiéndose a ellos les recuerda que también en la otra vida estarán juntos. Que ante los ojos de Dios todos los hombres son iguales, pero no es así. Jesús en un momento siente una necesidad física, tiene sed. Mas sus guardianes le ofrecen una esponja empapada en hiel y vinagre. Jesús solamente mojará los labios.
 
Tiene necesidad de justicia y ve odio, busca perdón y encuentra envidia, pide amor y sólo hay rencor.
 
Se acerca el final y Jesús lo sabe. Y es por eso que presintiendo la muerte encomienda su alma, su espíritu, que es lo único que le queda a Dios, su Padre, porque ya todo está consumado, ya su misión en el mundo ha concluido y se va, pero con la conciencia muy tranquila.
 
Nosotros somos los que ya nunca deberíamos olvidar estas últimas palabras de Jesús a punto de morir, estos siete últimos deseos que como todos los del reto de su vida los podríamos resumir en tres: Paz, Amor y Justicia.
 
 
Jesús en su última hora
 
Ya sabiendo que se va,
 
Perdón a su padre implora
 
Pa los que le hicieron mal.
 
Y que perdone también
 
Las culpas y los pecados,
 
De los que sufren con El
 
Y mueren a ambos lados.
 
Y a su madre, allí presente
 
En esta hora postrera,
 
Nos ofrece para siempre
 
Y le pide que nos quiera.
 
Y pues de tanto sufrir,
 
Ya Jesús está muriendo
 
¿Qué podríamos pedir
 
pa aliviar su sufrimiento?
 
Desamparado se ve
 
De su Padre en esta hora
 
¡más si supiera que ahora,
 
Dios también está con El!
 
Ya se le acerca el final,
 
Ya todo está consumado,
 
Perdona nuestros pecados
 
Y líbranos de todo mal.
 
 
 
Solemne y apacible tarde del Viernes Santo.
 
Solemnidad que se torna luto y pesar, cuando se acercan las diez de la noche.
 
Al pie de la torre, en la plaza, los feligreses esperan la salida de Cristo en su santo entierro. Una a una resuenan las campanadas que anuncian la proximidad del acto. La banda únicamente tocará hoy, marchas fúnebres con solo de caja y corneta, que ya  desde un primer momento, nos pondrán un nudo en la garganta y las lágrimas casi afloran a nuestros ojos, si no conseguimos controlarlas.
 
Y por fin, van saliendo uno a uno los pasos que preceden al sepulcro. Uno a uno abren paso entre la multitud nerviosa y expectante, que se agolpa ante las puertas del templo.
 
Y es ahora cuando la emoción llega a su punto más alto, al fondo de la iglesia aparece el sepulcro. Con cierto aire de solemnidad, envuelto en un halo rojo que forman la luz de los cirios y la base de claveles rojos, sobre los cuales descansa el cuerpo, ya sin vida, de Jesús. Sólo, pero a la vez acompañado por todos los que quieren caminar junto a Él, en ésta, su última salida.
 
Si al principio apenas se podía contener la emoción, ahora es imposible, ahora incluso las velas que portan los feligreses, lloran y derramaran lágrimas de dolor durante todo el recorrido, que ni la brisa de la noche se atreve a soplar para no molestar el sentir de este momento. Y así, al son que marca la banda, comienza el cortejo. En la plaza no queda nadie, la iglesia se cierra, todos quieren acompañar a Cristo camino del cementerio, como si de uno de nosotros se tratara.
 
Sólo junto a Él, su hijo, caminará toda su vida y junto a Él, esperará la Resurrección.
 
A la luz del tren de velas, su cara aparece más triste que nunca, pero a la vez más bonita. A su paso, alguna saeta brota de una garganta quebrada, de un sentimiento de dolor agudo, poniendo una nota más de emoción en el recorrido:
 
 
 
Parad el tono un momento
 
Para cantarle a María,
 
Y olvidar su sufrimiento
 
Con la triste canción mía.
 
 
 
Y con paso firme, lento pero seguro, llegamos al cementerio, pero Jesús no se quedará allí, como tantas veces nos dijo a lo largo de su vida. Nos espera la resurrección y la vida eterna, por eso Jesús, volverá a su casa, a la vida. Siempre estará entre nosotros.
 
Y de madrugada, María saldrá sola a la calle, vestida de negro sin luz, sin flores, sin música. La Virgen viste de luto al pie de la cruz, las mujeres lloran con ella la muerte de su hijo y la acompañan en su dolor. Jesús descansa después de tanto sufrir y la soledad de su madre, derrama lágrimas de perdón al pie de la cruz. Perdón para todos nosotros que desde este momento somos ya hijos suyos y que como ella, esperamos la resurrección de Jesucristo.
 
 
 
Llore conmigo la gente
 
Que a Jesús ya lo han matado,
 
Por lavarle sus pecados
 
Mataron al inocente.
 
Y pues os dejan sin hijo
 
Dejadme ser hijo vuestro
 
¡tendréis mucho más que amar
 
aunque yo os ame menos!
 
 
 
Atrás han quedado ya la soledad del huerto de los olivos, el dolor del látigo del soldado enojado, el sufrimiento del camino del Calvario, la agonía en la cruz y la oscuridad del sepulcro.
 
Hasta nosotros llega ahora el repique de las campanas en la medianoche del Sábado Santo, que nos anuncian que Jesús vive. Cristo victorioso deja la muerte por la vida, el sepulcro por el mundo, las tinieblas por la luz. Ya ha llegado el momento en que los cristianos celebramos la resurrección.
 
Para festejarlo, antes de empezar la homilía del sábado, haremos una hoguera en la plaza que representará la luz de esta noche en la iglesia, queremos participar, y los haremos encendiendo nuestros propios cirios y manteniendo viva su luz como prueba de que en nosotros también brilla la luz de la resurrección.
 
Cristo ha vuelto a la vida y siempre estará entre nosotros.
 
 
El domingo muy de mañana, María Magdalena y la otra María, bajaron al sepulcro para ungir el cuerpo de Jesús, que yacía muerto. Acercándose, vieron la piedra movida y el sepulcro vacío, un ángel anunció a las dos mujeres, que Él ya no estaba, había resucitado.
 
Así se narra en las escrituras la resurrección de Jesús. También Cómpeta, al amanecer, ha descubierto el sepulcro vacío y espera ver salir por las puertas del templo, triunfador de la muerte, a Cristo Resucitado, para que bendiga, con su mano alzada nuestras calles, nuestras plazas y a nuestra gente y para dar fe de que lo que estaba escrito ya se ha cumplido.
 
¡uánto dolor has tenido que pasar hasta llegar aquí! ¡Cuánto sufrimiento para al fin salir victorioso!
 
El pueblo que en el camino del dolor te calumniaba y te insultaba, ahora de nuevo te aclama.
 
Y detrás tuya María, aquella que guardaba todo el dolor en su corazón destrozado, hoy llena de alegría, proclama a los cuatro vientos, la salvación de su hijo.
 
Son los quintos del pueblo, los que con la fuerza y la alegría propia de su edad, llevan a la Virgen en volandas durante todo el recorrido. Se oyen “vivas”, la llaman “guapa” y la levantan todos a una. La quieren, la adoran y la miman como ella se merece, porque es la madre de Dios, porque hoy está contenta y porque es la patrona de nuestro pueblo, aunque dicho sea de paso, a todos se nos escapa un suspiro, un descanso al verla llegar a la plaza, sana y salva después de todo lo que hemos visto hacer con ella.
 
Es el final, las imágenes vuelven a ser colocadas en su lugar, y allí esperaran las salidas del próximo año, los cofrades vuelven a casa con la satisfacción del deber cumplido, los niños jugar con los tronos de cartón o de madera, imitando a sus mayores y nosotros, a recapacitar un poco sobre todo lo vivido.
 
 
Cuando tu figura bella
 
Entre encajes de oro y tul,
 
Por nuestras calles destella
 
Envuelta en el cielo azul,
 
Parece una blanca estrella.
 
Acógela bondadosa
 
Que es la sincera expresión,
 
Más bonita y más piadosa,
 
Algo así como una rosa,
 
La sangre del corazón.
 
 
 
Y no puedo terminar este pregón, con el que espero haber sabido reflejar a grandes rasgos, lo que para mi significa nuestras Semana Santa, sin expresar mis sentimientos de gratitud: En primer lugar para con Dios, que sin duda fue el primero que pensó en mí para esta bonita tarea y me dio fuerzas para poder estar hoy aquí entre vosotros.
 
En segundo lugar, dar las gracias a todos los presentes por su asistencia y por haber sabido escuchar con respeto, estas humildes palabras que, de la mejor manera que sé, he dedicado a nuestra semana de Pasión. Y por último, a todas las personas, que desde el anonimato, me han ayudado ha escribir este pregón. Su ayuda ha sido muy  importante para mi.
 
Es hora ya, de que mi voz se calle, para dar paso al sentir de todo el pueblo, de terminar este Pregón, para que den comienzo los actos propios de estos días, y lo hago, con la esperanza de que mis palabras no hayan caído en saco roto y nos sirvan en su momento para encontrar el mensaje, que con sabiduría Jesús esconde en cada acto que veremos en los próximos días, mensaje que no es otro que el que yo, desde este mi puesto de pregonera, os deseo de corazón.
 
 
Gracias por su atención. Un saludo y mucho ánimo para la persona que el próximo año me suceda en esta bonita labor.
 
 
GRACIAS.
 
 
 

Octavio L.R.

Octavio López Ruiz

C/ Rampa, 2
29754 Cómpeta (Málaga)
info@octaviolr.net

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25/03/2003

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