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Pregón Isabel López Ruiz. 2016

PREGÓN DE LA SEMANA SANTA CÓMPETEÑA
 
           En primer lugar, darle las gracias a doña Pilar López… La verdad cuando me llamó por teléfono me sentí muy alagada al saber, que entre todos los cofrades, habéis pensado en mí para llevar a cabo este pregón. Mi padre, que desde el cielo me está mirando, y estoy segura que de sus labios brota una sonrisa al verme en este altar, está muy orgulloso de mí por llevar a cabo esta misión de pregonera del año 2016. Estaba bastante nervioso, leía pregones, me daba consejos… Aunque sé que físicamente no está aquí… su espíritu me está escuchando…estoy totalmente segura de ello…y por ese motivo estoy aquí…por cumplir una de las ilusiones de mi padre. Me gustaría también agradecerle a mi familia todo su apoyo… a mi madre… pilar fundamental de mi casa… a mis hermanos… por toda la ayuda que me están brindando… mi padre siempre dijo que los hermanos teníamos que estar unidos… y así es papá… se ha cumplido… También le doy las gracias a mi abuela… mi segunda madre, porque nunca nos abandona… y a esa persona tan especial con la que he compartido tantos momentos de mi vida, por su paciencia y cariño… Gracias.
 
Cuando me senté delante de los folios para poder escribir el pregón, me pregunté ¿Cómo puedo empezar el pregón de Semana Santa?... Me senté un día y escribía… otro…y otro… pero sin comenzar por un principio…por eso he decidido empezar de esta manera:
 
 Supongo que todos, en alguna ocasión de su vida, han tenido oportunidad de disfrutar de un amanecer…de observar un atardecer… de ver ese cielo despejado de nubes…pudiendo así ver las estrellas… Qué regalo más grande el que Dios nos brinda cada día ¿No?... y ¿Por qué, si es un regalo, no lo disfrutamos en todo momento?...Si tenemos la oportunidad de dejarnos llevar por el olor a tierra mojada que tiene este precioso pueblo… ¿Por qué no hacerlo día a día?...
 
Qué fácil pongo la vida… ¿Verdad?... tengo muchos problemas en mi camino como para pensar en los regalos que Dios me da…más bien me acuerdo de él cuando tengo una necesidad… o lo alabo cuando las cosas me salen bien…
 
¿Sabéis? Esto me recuerda a aquel día, soleado, en el que Jesús entró a Jerusalén… montado en su burriquilla…alabado por toda clase de personas… ricas, pobres, de una condición u otra…pues estos sabían que entraba el Mesías, el hijo de Dios… ese hombre que hace milagros… “Bendito el que viene, Hosanna en el cielo”, gritaban… La historia se representa en todas partes de España año tras año… Me he permitido el gusto de escribir unas líneas…
 
 
Jesús, bendito salvador…
 
 Redentor del mundo entero…
 
Te canto salmos de alabanza…
 
Te canto salmos de amor…
 
El pueblo entero se levanta…
 
Y luce su mejor color…
 
Cómpeta entero inundada…
 
 Inundada de amor y de ilusión…
 
Alzad bien alto esas palmas…
 
Acompañando a Jesús el salvador…
 
Se oyen cantos de alegría…
 
Se sienten palabras de amor…
 
El pueblo entero te acompaña…
 
Te acompaña al templo que se edificó…
 
Conocida como la casa de tu padre…
 
Donde el consuelo encuentro yo…
 
Es un día rodeado de ilusiones…
 
Tras cuarenta días de supresión…
 
Aunque aun no me hago a la idea…
 
De que Jesús por mí murió…
 
Toda esta historia me recuerda a mi Padre…
 
Ser querido que por mí y los míos tanto dio…
 
Que me supo transmitir el sentido…
 
Que en ocasiones, a esta vida, intento darle yo…
 
Papa, ahora entiendo todo,
 
El por qué Jesús murió…
 
Para entender que tu partida…
 
Incomprendida partida… es una llamada al amor…
 
 
El conocido “Domingo de Ramos”… siempre lo recuerdo como un día soleado, donde, en Cómpeta se respiran aires de familiaridad y amor… Las calles se llenan de gente, las bandas musicales salen a la calle a tocar por y para Cristo… Los habitantes de este pueblo, los que nacieron aquí y que tuvieron que partir, por diferentes circunstancias, regresan a su tierra… También hago referencia a aquellas personas que subieron las escaleras dirección al cielo, que de algún modo están ocupando un lugar en nuestro interior… El turismo llena las esquinas de nuestras preciosas calles… la devoción comienza a brotar en cada rinconcito de nuestros corazones… Cómpeta, tan llena de vida en nuestra Semana Santa.
 
***
Me entristece pensar…que realmente soy como ese pueblo de Israel… te he seguido Jesús… te he alabado… pero, cuando no he comprendido aspectos de mi vida, me he revelado contra ti… he escuchado palabras de consuelo… pero huía de entender  tu palabra… Sin embargo, mientras estaba escribiendo este pregón, no he podido evitar reconocer que es verdad…que tu Palabra me da vida…
 
En ocasiones, en este recorrido vital de subidas y bajadas… de fortaleza o de debilidad… camino lleno de espinas, aunque, no olvidemos que son el complemento de las rosas… nos encontramos situaciones que no entendemos, o que no queremos entender, debido a nuestra revelación contra nuestra propia existencia… Es la esencia de la vida… Si no existiera el sufrimiento, no habría motivos por los que salir adelante… por los que luchar… por los que hacernos fuertes…motivos por los que buscar a Dios…
 
Es así, es la esencia de la vida… esencia que sin ti, Dios mío, no sé saborear todo lo que merece… esencia de la que huiría si no estuvieras conmigo… Cuanta falta me haces… Es ahora cuando me pongo en pos de ti… y te sigo, gritando: ¡Bendito el que viene! ¡Hosanna en el Cielo!... Quiero entrar, junto a ti, a Jerusalén…
 
Hoy me siento como Zaqueo, que subido a un árbol esperaba poder verte… Es hoy cuando me dices “[…] Baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa […] pues el hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido” (Lucas, 19, 5. 10). Te ofrezco mi casa Señor… Te ofrezco mi vida… Confío en que tu compañía será lo que me salve de mi propia muerte…
 
Sin embargo…después de todo lo que hizo por el pueblo de Israel…él lo sabía… iba a morir por nuestros pecados… y entrando al templo de Dios dijo “[…] «Está escrito: Mi Casa será llamada Casa de oración. ¡Pero vosotros estáis haciendo de ella  una cueva de bandidos!»” (Mt 21, 13)… Ay Jesús… Te estabas preparando para la hora… la hora en que te negarías a ti mismo, para salvar nuestra vida… Con esta palabra Dios nos dice poco… o nos dice mucho… ¿Podemos realmente salvar nuestra vida? … Claro que sí… estoy segura de ello… incluso podemos salvar la vida de esa persona que tenemos a nuestro lado… sin hacer prejuicios de la misma… sin ahogar al que no bebe… ofreciendo al que no come… ayudando al necesitado… amando al que nos agobia… incluso, luchando por aquello que tanto amamos… Dios da dones…para que los manifestemos… no para abandonar lo que él nos da… pues, como bien dice la palabra, “Con vuestra perseverancia salvareis vuestras almas” (Lucas, 21, 19).
 
***
¿Cuántos de nosotros, en este tiempo de Cuaresma, ha decidido llevar a cabo un sacrificio que represente los 40 días  que estuvo Jesús en el desierto? Realmente ¿Creéis que hemos pasado por lo que pasó Jesús? En cierto modo, la vida nos hace pasar por cada uno de los golpes que Jesús se ha llevado a consecuencia nuestra…
 
En ocasiones hemos optado por un comportamiento como el que tuvo Judas Iscariote, uno de los doce discípulos, cuando negó a Jesucristo, planeando entregarle a su propia muerte… Dios mío, yo he sido Judas, me he dejado llevar en ocasiones por mis malos pensamientos, entregándote a aquellos que en algún momento me juzgaron simplemente por creer en ti, por acoger tu disciplina como mi forma de vida. ¿Cómo pudo haberse sentido Jesús, quién, aun sabiendo que lo estaban traicionando, le ofreció asiento en la última cena?...  Hay momentos en nuestra vida que somos Judas… pero también hay situaciones que nos ayudan a imaginar lo que sintió Jesús… solo hay una gran diferencia… que somos incapaces de amar con la fuerza que Jesús nos ama cada día… incapaces de acoger a nuestro prójimo como él lo hizo con cada uno de los que les traicionaron… qué grande es tu sabiduría señor…
 
Se cumple el mandato que llevaste a cabo en la última cena “[…] Este es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en recuerdo mío” (Lc, 22, 19). Cada sábado o Domingo, en este precioso pueblo de Cómpeta, conmemoramos esa última cena, en el que se reviven entre nosotros esos hechos, en el que Jesús nos promete habitar en el reino de Dios, pues, como bien dice la palabra: “yo, por mi parte, dispongo un Reino para vosotros, como mi Padre lo dispuso para mí” (Lc, 22, 29).
 
Realmente esto me consuela, me consuela demasiado el pensar que el Reino de Dios realmente está ahí… el pensar que podré abrazar a mi padre de nuevo, y que no todo está perdido… Pensar que él está sentado, junto a todas esas personas que hoy tanto echamos de menos, y que se encuentran en lo  más profundo de nuestro corazón,  en la mesa de Dios, comiendo y bebiendo, como explica Lucas en su evangelio. Pero claro… no todo es tan fácil… Jesús viene en cada una de las Eucaristías a tocarnos el corazón, a decirnos que cambiemos ese corazón de piedra por uno de carne, y es en la última cena cuando nos repite que nadie es más que nadie, pues:
 
“Él les dijo: «Los reyes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los que ejercen el poder sobre ellas se hacen llamar Bienhechores;  pero no así vosotros, sino que el mayor entre vosotros sea como el más joven y el que gobierna como el que sirve.  Porque, ¿quién es mayor, el que está a la mesa o el que sirve? ¿No es el que está a la mesa? Pues yo estoy en medio de vosotros como el que sirve.”  (Lc, 22, 25 – 27)
 
¿Qué nos enseña esto? Jesucristo mira con los mismos ojos a todos los hombres y mujeres que forman su pueblo, a todos nos ama, pues, según San Juan:
 
“En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados.  Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros.  A Dios nadie le ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud.” (1º Jn, 4, 10-12)
 
Por eso es el hijo del Hombre, porque con su palabra, con sus actos, con su amor, viene una vez más a hacernos recapacitar en nuestra Semana Santa, por eso resucitó, porque todos sus actos, independientemente de la persona a la que fuesen dirigidos, eran actos de amor y bondad… ¿Cómo así, Dios mío, podré llegar hasta tu casa?
 
Cuantas veces te he negado,
 
De cuantas penurias me has librado,
 
En mis días más nublados,
 
Tú, Dios mío, estabas a mi lado.
 
El egoísmo me consume,
 
Siento frío, siento cruces,
 
Me deleito en tu presencia,
 
Siento miedo en las tinieblas.
 
Desde arriba el suelo deslumbra,
 
Un camino de color de gris,
 
Son las tristezas de este pueblo,
 
Que te prometen fidelidad sin fin.
 
En procesión tu pueblo te persigue,
 
Buscando el consuelo de tu amor,
 
Ofreciéndote promesas de consuelo,
 
Recitando oraciones de perdón.
 
Ten Piedad de mí, Dios mío,
 
Acompáñame en este dolor,
 
Líbrame del sufrimiento,
 
Que por mi padre siento en mi interior…
 
Te voy a echar de menos,
 
Eso bien lo sabe Dios,
 
Pero viviré en la esperanza,
 
Del día de la resurrección…
 
Hablo del Jueves Santo, día en el que Jesús congrega a sus discípulos a la última cena, instituye la Eucaristía, pero también se despide de cada uno de ellos…sabiendo que la hora se acerca… Jesucristo instituyó el lavado de los pies  antes de instituir el pan y el vino como los símbolos de Su cuerpo y Su sangre. Así como Jesús nos transmitió participar del pan y del vino, también nos enseñó a participar del lavado de pies. Esta ceremonia es esencial para entender nuestra relación con Jesucristo y con otros cristianos bajo la Nueva Alianza. En este Acto, a través del lavatorio de Pies, Jesús  nos muestra su humildad y amor, se arrodilla como un siervo, lavando y besando los pies a aquellos que de algún modo u otro lo traicionarán… 
 
Os hablo del día del amor fraterno, del día en que Jesús abrió su corazón ante sus discípulos, ante cada uno de nosotros, para hacernos ver el poder que ejerce el perdón y la humildad sobre el ser de la persona.
 
He hablado de mi padre, pero también debo hacer referencia a una de las enseñanzas que mi madre me ha transmitido y que se han quedado grabadas en mi corazón. Un día leí en sus escritos que decía, que el misterio más grande era la muerte, pues nunca vamos a entender determinadas partidas de nuestros seres queridos; también, que el regalo más bello es el perdón… y realmente, cuando leí esto, meditando me di cuenta de que el mayor regalo que le puedo hacer a una persona o que me pueden hacer a mí, es la disculpa, pues si yo pido perdón al prójimo le estoy mostrando mi arrepentimiento, y si estas disculpas son aceptadas, el regalo es compartido.  Y es ahí donde se da el amor.
 
Todos sabemos que el acto más sencillo es equivocarse, ¿Qué quiero decir con esto? Que el pedir perdón es un don de Dios, negarse a sí mismo para reconocer que no estabas haciéndolo bien. ¿Y la satisfacción que experimenta nuestro cuerpo al saber que hemos sido perdonados? … por eso, pueblo de Cómpeta, la Semana Santa viene a nuestra vida una vez más para que abramos los ojos, y nos demos cuenta de que no todo está perdido, pues todos sabemos que la sensación más grata es la paz interior.
 
Es muy emotivo ver como la plaza de nuestro pueblo se llena de gente en nuestro Jueves Santo…Ver tantos penitentes… Escuchar el Himno Nacional mientras salen nuestros tronos…Ver al pueblo esperando impaciente… tantas velas encendidas… y más emotivo es ver cómo se van creando dos filas de personas…acompañando a nuestro padre Jesús Nazareno o a la Virgen de los Dolores, tan guapa ella, tan llena de flores, pero con esa cara llena de tristeza…
 
María, siempre en pie a pesar de ver a su hijo sufrir… y Jesús, a pesar de la cantidad de humillaciones, de golpes, de desprecios… siempre intentando estar cerca de Dios, sin revelarse, luchando contra la cantidad de tentaciones que el demonio le presentaba… ¿Acaso, somos nosotros capaces de decir que no al demonio cuando tenemos un problema? ¿Cuándo viene en nuestra busca gritándonos que Dios no es bueno? ¿Si Dios es tan bueno, por qué permite que te pase esto en tu vida?...
 
***
El mismo Jesús decía en el Huerto de los Olivos mientras oraba: “[…] Padre, si quieres, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lc, 22, 42). Continuamente quiero ser quien lleva mi historia Dios mío…Pero día a día me presentas acontecimientos que me hacen darme cuenta de que no… no soy el Dios de mi historia… planeo cada día, y en ocasiones se tuercen mis ideas… porque tú tienes preparada otra cosa para mí… y aun así no tengo la fuerza de tu hijo Jesús para estar abierta a tu voluntad Señor… Él estaba dispuesto a ser torturado, y, sin embargo, no se reveló contra su propio padre… Jesús también sintió miedo, como tú y como yo,  por eso oraba. Así lo expresa Lucas en su evangelio: “Y sumido en agonía, insistía más en su oración. Su sudor se hizo como gotas espesas de sangre que caían en Tierra” (Lc, 22, 44).
 
Hay algo característico en nuestra Semana Santa… algo que nos conmueve el corazón a todos… algo que incluso, a más de alguno de nosotros, nos ha hecho brotar lágrimas de nuestros ojos, haciéndonos sentir algo en el estómago inexplicable… os hablo de esa cantidad de hombres vestidos de luto que, al amanecer, salen a las calles de nuestro pueblo tras Jesucristo Crucificado… Cantando salmos de dolor… Acompañando a Jesús en su sufrimiento…
 
Es un momento que hace a muchos competeños, que ya no viven en el pueblo, volver a su tierra natal, para compartir con los habitantes este momento tan subyugante y emotivo.
 
El Viacrucis es la meditación de los momentos y sufrimientos vividos por Jesús desde que fue hecho prisionero hasta su muerte en la cruz y posterior resurrección. Literalmente, via crucis significa "camino de la cruz".
 
Es en ese camino cuando cada uno de nosotros nos ponemos delante de un espejo, y observamos nuestra historia, nuestros sufrimientos, nuestras cruces acompañando también a Jesús… Es en ese momento cuando nos planteamos nuestro pasado, nuestros actos, y cuando nos preparamos para resucitar también con Jesucristo… Pues no olvidemos que viene a salvarnos a cada uno de nosotros… Me permito recitar un poema de Gerardo Diego:[3]
 
VIA CRUCIS (fragmento)Duodécima estación
 
Al pie de la Cruz, María
 
llora con la Magdalena
 
y aquel a quien en la Cena
 
sobre todos prefería.
 
Ya palmo a palmo se enfría
 
el dócil torso entreabierto.
 
Ya pende el cadáver yerto
 
como de la rama el fruto.
 
Cúbrete, cielo, de luto
 
porque ya la Vida ha muerto.
 
Profundo misterio. El hijo
 
del Hombre, el que era la Luz
 
y la Vida muere en Cruz,
 
en una cruz crucifijo.
 
Ya desde ahora te elijo
 
mi modelo en el estrecho
 
tránsito. Baja a mi lecho
 
el día que yo me muera,
 
y que mis manos de cera
 
te estrechen sobre mi pecho.
 
 
Se va la luna, y, mientras empieza a amanecer, todos los hombres del pueblo se ponen en pos de ti, Jesús… Por esa amarga tortura, que a consecuencia nuestra tú viviste… por esas llagas…
 
 Se mece tu trono sobre los hombros de todos aquellos que te lloran… Se emocionan todos los rostros… mirando tu cruz tan pensada… y aun así…sabiendo de nuestro pecado, pedías piedad al Padre mientras ibas muriendo poco a poco, porque sí Dios mío, en ocasiones somos incapaces de ver la gran misericordia que tienes con cada uno de nosotros…
 
***
¡Qué sufrimiento el tuyo!... ¡Qué sufrimiento el de tu madre, María!, quien, en todo momento, estuvo abierta a la voluntad de Dios… a que se llevaran a su propio hijo…Claro, tenía esperanza de volver a verle… Tenía fe en la Resurrección de Jesucristo… Pero aun así, el sufrimiento le invadía el alma…vio las torturas del ser nacido de su vientre, del hijo de Dios… Sintió en su cuerpo cada golpe que le daban a su hijo… Pero, a pesar de todo…estaba en pie… Pues quien vive en la esperanza de la vida eterna, quien vive agarrado a la cruz de Jesucristo, a su propia cruz, ve que Dios está ahí… que su palabra le da vida…
 
Viernes noche, las campanas ya han doblado, el hijo del hombre ha muerto, quien, resquebrajándose en su dolor decía, en un último aliento “[…] Padre, en tus manos pongo mi espíritu […]” (Lc, 23, 46)
 
 
La Luna baña nuestras calles…
 
El sol ya se escondió…
 
Del hijo único de Dios…
 
Cuanta tristeza refleja tu mirada…
 
Cuanto vacío creado en nuestro corazón…
 
¡Qué sufrimiento tienes!
 
¡Virgen María, Madre de Dios!
 
 
Una calle se viste de oro,
 
Todo ya oscureció,
 
Mujeres llenan la plaza,
 
¡Qué tristeza tengo en mi interior!
 
 
Soledad, qué rostro tienes,
 
Virgen y madre llena de dolor,
 
Las flores que cantaban, ahora lloran,
 
Te acompañamos todos en tu aflicción…
 
 
Siento un nudo en la garganta
 
Que no me deja respirar
 
Siento un frío y una nostalgia
 
Que no me deja estar en paz…
 
Papá sé que estás ahí,
 
Sé que muy lejos tú no estás,
 
Sé que estás velando
 
Por mí, por mi familia y por mamá…
 
Tus lágrimas son como cascadas
 
Soledad, buscando dónde encontrar,
 
A su hijo, el Dios vivo,
 
¿Dónde puede estar?
 
 
Amanece y te acompaña,
 
Tu luz y tu tormento…
 
Soledad que tristeza tengo,
 
Te acompaño en tu sufrimiento…[4]
 
 
Qué noche más desamparada… El silencio se apodera de la plaza del pueblo, mientras la Soledad camina detrás de todas las mujeres que le acompañan y le cantan salmos de consuelo…el cielo está vestido de luto…
 
Papá, quiero que sepas, que si estoy aquí, llevando a cabo este pregón, es porque realmente siento que esto es real… que el mismo sufrimiento de María es el sufrimiento con el que nos has dejado a todos… y si hablo esto es porque sé que estás aquí conmigo… porque sé que no hay mayor regalo para el día del padre que cumplir con lo que a ti tanta ilusión te hacía… Esta soledad que siente la Madre de Jesús también la habéis sentido en algún momento de vuestra historia… pero la palabra dice “¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No  está aquí, ha resucitado […]” (Lc, 24, 5-6).
 
El sábado amanece, y todo el pueblo espera a media noche para celebrar la Vigilia Pascual… es una noche diferente a todas las otras noches… pues nuestro espíritu se renueva con la resurrección de Jesucristo. “Porque si nos hemos injertado en él por una muerte semejante a la suya, también lo estaremos por una resurrección semejante; Sabiendo que nuestro hombre viejo fue crucificado con él, a fin de que fuera destruido el cuerpo del pecado y cesáramos de ser esclavos del pecado. Pues el que está muerto, queda libre de pecado” (Rom, 6, 5-7)
 
Sí, es verdad, Jesús ha resucitado, la tierra se alegra inundada por la nueva luz. Las tinieblas del mundo quedarán destruidas, porque el hijo del hombre ha vencido a la muerte, y ha llenado de luz nuestras vidas. Una vez más aparece la Semana Santa en nuestra vida para que renunciemos a todo lo que nos hace daño, para matar a nuestro ser viejo… El pueblo entero se levanta y celebra tu gloria Señor, se llena de alegría porque es la noche en que has vencido a la muerte, en que cada uno de nosotros se reconcilia consigo mismo y con su entorno…
 
***
Por eso, el pueblo sale a la calle a encender el cirio de la nueva luz, un símbolo para que nos marque a cada uno nuestra vida… para empezar de nuevo… porque Jesús está a la derecha del padre… una luz que brille radiante en nuestra vida como una estrella…
 
Señor, sé que volverá a salir el sol de entre mis tinieblas ese día, porque has resucitado, un consuelo grandísimo en mi corazón que me conmueve nada más que de pensarlo…
 
“El pueblo que andaba a oscuras vio una luz grande. Los que vivían en tierra de sombras, una luz brilló sobre ellos. Acrecentaste el regocijo, hiciste grande la alegría. Alegría por tu presencia, cual la alegría en la siega, como se regocijan repartiendo el botín. Porque el yugo que les pesaba y la pinga de su hombro […] has roto […] y el manto rebosado de sangre será para la quema, pasto del fuego” (Is, 9, 1-4)
 
Pueblo de Cómpeta, Jesús resucitado nos espera, no dejemos que pase por delante nuestra sin detenerse… Amad con el amor de Cristo, venced a la muerte con la valentía que él  lo hizo, Luchad por todo lo que amáis, Resucitad en el amor de Dios… Siempre me han dicho que Dios tiene preparada una historia, pero tú también formas parte de las decisiones de tú vida, pues también barajas las cartas… Aún estamos a tiempo… Toma la decisión y búscalo…
 
Por último, me gustaría compartir con vosotros una obra que le gustaba mucho a mi padre…Para mí, mi padre, es alguien tan fuerte, que nunca me lo pude imaginar llorando…pero sí… así fue… con una pieza de piano se emocionó… y al abrazarme con los ojos empapados en lágrimas también me hizo llorar a mí… por eso, he decidido compartir con vosotros esta obra en concreto…
 
Finalmente, ¿Recordáis el cielo del que os hablaba al principio?... ¿Del atardecer?... ¿Recordáis las estrellas a las que me refería?... Es la luz, que dentro de ti te está llamando, para que te seques esas lágrimas, y saques de dentro de ti esa sonrisa… es la luz que viene a salvarte… nunca dejéis de mirar al cielo, porque es ahí donde está la Gloria… porque es ahí donde está esa persona que tanto necesitas… De nada sirve tirar la toalla… ¡Corre! ¡Que el señor está cerca!
 
 
 ISABEL LÓPEZ RUIZ
 
 
 

Octavio L.R.

Octavio López Ruiz

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25/03/2003

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